La gracia del evangelio puede transformar tu matrimonio

13 marzo, 2020
Versículos: Hechos 17:28, Juan 15:5,Romanos 11:36, Colosenses 1:16-17, Colosenses 3:5-8, 1 Timoteo 1:15, Romanos 5:6-8, 1 Juan 4:9-11, Gálatas 3:15, Lucas 7:36-48, Mateo 7:24-27
Tipo de servicio:

El matrimonio es como un barco, y el timón del barco es el evangelio. Un matrimonio sin el evangelio quedará fuera de control.

Evangelio (evangelion): buenas nuevas, buen mensaje, buenas noticias.

Canción Sin Ti - Centro Mundial de Avivamiento
Sin ti yo podría morir
Sin ti podría caer
Sin mi Cristo estaría perdido
Como un barco sin rumbo en el mar

Cristo oh Cristo
Si lo tienes a Él, no lo dejes ir
Oh Cristo, oh mi Cristo
Sin el perdido estaré.

Cristo es el centro del evangelio, es el centro de todo.

Hechos 17:28 Porque en Él vivimos, y nos movemos, y somos.
Juan 15:5  Porque separados de [Jesús] nada podemos hacer.
Romanos 11:36 Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas
Colosenses 1:16-17  Porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten

Solo a través de Cristo podemos entender el amor incondicional, la gracia radical, y el perdón necesario para sostenernos.

Dicho esto exploremos tres formas en que el evangelio transforma el matrimonio:

  • Como el diagnóstico
  • Como la cura
  • Como la recuperación

El diagnóstico

Muchos de nosotros idealizamos el matrimonio con las películas y las novelas, incluso lo que vemos en apariencia de otros matrimonios; pero, una cosa es la ficción y otra es la realidad.

El evangelio es realista sobre lo que te espera ¿Y cuál es esa realidad?

Colosenses 3:5-8 Por tanto, considerad los miembros de vuestro cuerpo terrenal como muertos a la fornicación, la impureza, las pasiones, los malos deseos y la avaricia, que es idolatría. Pues la ira de Dios vendrá sobre los hijos de desobediencia por causa de estas cosas, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora desechad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, lenguaje soez de vuestra boca.

Ninguno de nosotros puede decir que no tiene pecado. En un matrimonio dos pecadores se unen, por lo que el diagnóstico real del matrimonio es: ira, enojo, griterías, maledicencias (decir mal amargura), malicia (etc).

Todo esto surge de un corazón egoísta (ego). La mayoría de conflictos provienen de nuestro amor propio.

Un esposo y una esposa en un matrimonio centrado en el evangelio nunca esperarán perfección en sí mismos o en el otro. En cambio, esperan ser insuficientes, confiando en que Jesús es más que suficiente para satisfacer todas sus necesidades.

El evangelio transforma el matrimonio porque en el evangelio Jesús habla del pecado como realmente es, nos invita amorosamente a admitir que somos pecadores y que necesitamos desesperadamente su ayuda.

1 Timoteo 1:15 Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero.

Esto fue dicho por el apóstol Pablo, un gran hombre de Dios. Frente al evangelio podemos reconocer nuestra condición de pecadores necesitados de la gracia de Dios.

La cura

El evangelio transforma la manera en que amamos de tres formas:

Primero, Jesús nos muestra que el amor real es mucho más poderoso, costoso, y gratificante que cualquier otra cosa que ofrece el mundo. El evangelio nos muestra el incomparable amor de Dios, nos capacita para amar de una manera similar, y nos asegura que amarnos unos a otros de acuerdo con el diseño de Dios, aunque no siempre es fácil, siempre valdrá la pena.

Romanos 5:6-8 Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Porque a duras penas habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

1 Juan 4:9-11 En esto se manifestó el amor de Dios en nosotros: en que Dios ha enviado a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de Él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que El nos amó a nosotros y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios así nos amó, también nosotros debemos amarnos unos a otros.

Segundo, el evangelio nos muestra exactamente lo que significa haber hecho un pacto, y lo que esperamos poder lograr cuando nos sometemos al amor mutuo dentro de los límites de un pacto. Tu matrimonio puede ser increíble cuando ambos basan su decisión de amar no en el desempeño del otro, sino en las promesas que han hecho.

Gálatas 3:15 Hermanos, hablo en términos humanos: un pacto, aunque sea humano, una vez ratificado nadie lo invalida ni le añade condiciones.

Finalmente, el evangelio puede transformar la forma en que amas al inundar tu corazón con gracia, empatía, paciencia, y la capacidad de perdonar.

Preguntemos al hombre que fue recogido por el buen samaritano, o a Lázaro que fue resucitado, o al hijo prodigo recibido por su Padre, o a la mujer adultera rescatada, o aquella mujer perdonada que enjugo los pies de Jesús con sus lágrimas...

Cuando entiendes la gracia que te cubre entonces estás obligado a amar radicalmente a tu cónyuge debido al amor radical que te han dado. Cuanto mayor sea tu experiencia de gracia, mayor será tu capacidad de darla.

La recuperación

El evangelio proporciona un contexto para una vida matrimonial real.
El evangelio es la brújula que mantiene nuestro matrimonio en un curso estable a través de las tormentas más feroces, las pausas más monótonas, las travesías más difíciles.

Mateo 7:24-27 Por tanto, cualquiera que oye estas palabras mías y las pone en práctica, será semejante a un hombre sabio que edificó su casa sobre la roca; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; pero no se cayó, porque había sido fundada sobre la roca. Y todo el que oye estas palabras mías y no las pone en práctica, será semejante a un hombre insensato que edificó su casa sobre la arena; y cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y azotaron aquella casa; y cayó, y grande fue su destrucción.

En nuestra experiencia personal como esposos (pastor Sebastián y su esposa), si no hubiera sido por Jesús nuestro matrimonio ya se hubiera acabado hace tiempo. Sin tener un llamado a obedecer un pacto, nunca habríamos solucionado los problemas de nuestro matrimonio que parecían durar para siempre. Sin la experiencia de la gracia, nunca nos hubiésemos podido perdonar por pecar el uno contra el otro. Y sin una definición clara del amor de Dios, podríamos haber justificado alejarnos en el momento en que nuestros sentimientos nos impulsaron a hacerlo.

Cada vez que amas a tu cónyuge cuando es difícil, reflejas el amor implacable de Dios en Cristo. Cada vez que mantienes tu pacto a pesar de querer rendirte, reflejas la promesa infalible hecha por Dios, una promesa de redimir a su pueblo. Y cada vez que disfrutas de la unidad en la intimidad, apuntas a la unidad que el pueblo de Dios (la novia final) experimentará con Jesús (el novio final) en gloria.

Todo el matrimonio apunta al evangelio. Por la gracia de Dios, tu matrimonio puede hacer lo mismo. Y recuerda:

Solo en el evangelio tienes un propósito más allá del ahora, más allá de ti, y más allá de toda medida.